El silencio en la oficina era abrumador. Nicolás se encontraba solo, rodeado de papeles, contratos y el persistente sonido del reloj marcando las horas que parecían eternas. Había pasado un mes desde la última vez que vio a Hellen. Un mes sin su sonrisa, sin su voz, sin su presencia.
Cada día llamaba. Cada noche le dejaba mensajes de voz, algunos cortos, otros desesperados. Revisaba sus redes, su correo, su agenda... Todo parecía indicar que Hellen se había evaporado del mundo. Como si realment