El sol apenas comenzaba a colarse por las rendijas de las cortinas cuando Hellen abrió los ojos. La habitación estaba en silencio, salvo por el lejano murmullo de los periodistas aún apostados frente a la mansión. Con un suspiro pesado, se levantó de la cama y caminó hacia el baño. El agua de la ducha cayó tibia sobre su piel, como si intentara lavar no sólo su cuerpo, sino también las emociones que la abrumaban.
Tras el baño, se acercó a la ventana y abrió levemente la cortina. Allí estaban, l