Kael giró la cabeza instintivamente hacia la cocina, frunciendo el ceño al notar la ausencia de Lyra.
Artemisa, al percibir su distracción, volvió a tomar su rostro con suavidad, intentando atraer su atención, pero Kael se zafó de su agarre con firmeza.
—Escúchame, Kael. Lo que te estoy diciendo es cierto, gracias a mí, los soldados de Mirkay dejaron de perseguirte. Si no fuera por mí, ya te habrían encontrado... y asesinado. No eres tan difícil de rastrear.
Kael permaneció en silencio, con el