Lyra suspiró aliviada al ver a Artemisa salir del departamento. Sin embargo, guardó silencio. La alegría con la que minutos antes preparaba las cosas de trabajo para Kael se había desvanecido por completo.
Caminó directo a la cocina sin decir una palabra, atrapada en sus pensamientos. No podía imaginar qué era lo que Kael estaba hablando con Artemisa; la sola idea le revolvía el estómago.
Tomó un trapo y empezó a limpiar el mesón con movimientos mecánicos, consumida por los celos. Artemisa era