Kael, joven, apuesto y con una amabilidad que lo caracterizaba, acababa de obtener el trono de su familia. Esa tarde estaba a punto de terminar su jornada en la compañía cuando vio a Lyra, de pie en medio de la avenida. Sin pensarlo ni un segundo, se lanzó hacia ella, apartándola con rapidez.
—¡Ten cuidado! ¿Qué pretendes hacer? —gritó con desesperación.
Lyra, sorprendida, apenas pudo responder. Las lágrimas cayeron por su rostro mientras recordaba su desgarradora decisión.
—Yo... yo...—balbuce