En los días siguientes, Kael dejó de ser tan molesto con Lyra. Desde que conocía su pasado, ya no se desquitaba con ella con la misma intensidad. En lugar de eso, se permitía mostrar abiertamente el deseo que sentía por su cuerpo. Después de todo, ella le debía un favor del pasado, y de algún modo, debía compensarlo.
—¡Hoy hueles a que me deseas, Lyra! —murmuró Kael mientras se acercaba a ella en la cocina, rodeándole la cintura con las manos.
—¿Yo te deseo? Quizás deberías aceptar que ahora er