Alessia Vittoria Bellerose
Amara se marcha y deja el aire envenenado. No sé cuánto tiempo pasa después de que la puerta metálica se cierra detrás de ella. Tal vez minutos. Tal vez horas. En este lugar no existe el tiempo como lo conocemos afuera. No hay ventanas, no hay sol, no hay noche. Solo lámparas frías, paredes húmedas y ese goteo constante que parece contar mis pensamientos uno por uno.
Ploc, ploc, ploc.
Mi rostro arde por los golpes. Mis muñecas duelen por las ataduras. Mi cuerpo entero