Dante Salvatore Valcárcel
La primera risa de mi hijo ocurre por culpa de Rocco. Eso me parece injusto.
He pasado semanas hablándole, cargándolo, caminando con él por la terraza a horas indecentes, aprendiendo canciones ridículas que Alessia insiste en cantar aunque yo sostengo que las letras no tienen sentido. He negociado con pañales, biberones, mantas, cólicos y noches sin dormir. He permitido que un ser humano de menos de cinco kilos gobierne mi agenda, mis reuniones y mi paciencia.
Y el pri