Alessia Vittoria Bellerose
La prisión donde estaba Amara no parecía un lugar hecho para mujeres como ella. No porque mereciera algo mejor, sino porque Amara siempre había pertenecido a espacios elegantes, a bares con luz dorada, a habitaciones donde las flores parecían elegidas al azar aunque todo estuviera cuidadosamente planeado. Verla reducida a pasillos grises, controles de seguridad, puertas metálicas y uniformes sin encanto me produjo una sensación extraña.
No satisfacción. No tristeza li