Capítulo 6Dante Salvatore Valcárcel La ruina no siempre llega con gritos.A veces llega en silencio, vestida con un traje barato, cargando una carpeta negra y sudando como un cerdo frente a mi escritorio.Ciro Mancini no me mira a los ojos.Eso es lo primero que noto.Lo segundo es que sus manos tiemblan.Y cuando un hombre como Ciro tiembla, significa que los números no solo son malos.Significa que alguien está a punto de morir.Estoy sentado detrás de mi escritorio, en el último piso del club Valcárcel, mirando la ciudad a través del ventanal. Afuera, las luces parecen pertenecer a otro mundo. Uno donde los hombres compran champagne, besan mujeres hermosas y creen que el poder se mide por el brillo de los relojes.Pobres imbéciles.El poder no brilla.El poder sangra.—Habla —ordeno.Ciro traga saliva.Es un hombre bajo, de frente amplia y ojos nerviosos. Lleva años lavando dinero para mi familia, moviendo cuentas, escondiendo inversiones, convirtiendo negocios sucios en empresas
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