Dante Salvatore Valcárcel
Alessia no sabe caminar hacia el peligro. Lo hace peor. Camina como si el peligro tuviera que apartarse por educación.
Sale del restaurante con la fotografía apretada entre los dedos, la barbilla alta y los ojos llenos de una furia que no le pertenece a una heredera criada entre mármol y copas de cristal.
Esa furia me gusta.
Y eso es un problema.
—Sube al auto —ordeno.
Ella se detiene junto a la puerta.
—No vuelvas a hablarme como si fuera uno de tus hombres.
—Mis homb