Dante Salvatore Valcárcel
Silencio. Solo la respiración de Alessia. Rápida. Furiosa. Viva. Me mira como si acabara de conocerme de verdad. Tal vez sí.
—Le disparaste a un auto —dice.
—A una llanta.
—¡Eso no lo vuelve normal!
—En mi mundo, sí.
—Pues tu mundo es una locura.
—Te lo advertí.
—No. Tú me dijiste que eras peligroso. No que íbamos a tener persecuciones al salir de desayunar.
—Técnicamente, no terminaste el desayuno.
Sus ojos se abren con indignación.
—¿Estás bromeando?
—Estoy evitando