53. Bajo la luz de la mañana
Aquella mañana el cielo amaneció blanquecino, aún guardando el frío residual de la lluvia nocturna. El aroma de la tierra mojada se elevaba desde el jardín del hospital, que parecía desierto, en contraste con el bullicio frente al edificio, donde los periodistas se habían congregado desde el día anterior.
En la habitación del octavo piso, Emma estaba de pie ante el espejo, contemplando su propio reflejo. El vestido blanco marfil que llevaba caía suavemente hasta los tobillos, transmitiendo una