54. Un nombre que no necesita herencia
El coche negro de James salió del recinto del hospital. En el asiento trasero, Emma permanecía en silencio, abrazando a Ethan envuelto en una manta cálida. El bebé dormía profundamente, mientras al otro lado de la ventanilla la ciudad comenzaba a despertar —los semáforos parpadeaban, se oían bocinazos esporádicos y el aire matinal aún conservaba el aroma de la lluvia.
Pero aquella calma era frágil. En el espejo retrovisor, James miraba de vez en cuando hacia atrás. Un sedán negro los seguía des