Mundo ficciónIniciar sesiónAugusto Monteiro lo tiene todo: poder, dinero… y un corazón completamente cerrado. Frío, dominante e inaccesible, no confía en nadie desde que fue traicionado por la única mujer que logró acercarse demasiado. Eloise Nogueira no es el tipo de mujer que obedece. Hermosa, provocadora y con una lengua peligrosa, llega a su vida decidida a no inclinarse ante nadie… ni siquiera ante el hombre más temido de la empresa. Pero lo que empieza como un juego de provocaciones… se convierte en una guerra de deseos imposible de controlar. Él no mezcla trabajo con placer. Ella no acepta órdenes. Y cuando dos mundos chocan, las reglas dejan de importar. Entre miradas que arden, tensiones que explotan y noches que nadie debería recordar… descubrirán que caer no era una opción. Era inevitable. Él era su jefe. Ella… su mayor debilidad.
Leer másEl salón quedó en un respetuoso silencio cuando José Monteiro se puso de pie. Copa en mano, su sola presencia imponía autoridad.—Me alegra ver esta sala llena de personas importantes, amigos, socios… y, por supuesto, mi familia —dijo, mirando brevemente a Augusto, que mantuvo el rostro neutro—. Estoy llegando a una etapa de la vida en la que pasar el mando empieza a parecer más una responsabilidad que una opción. Quiero que sepan que, cuando llegue ese momento, se hará con sabiduría. El cargo de CEO será entregado a quien demuestre fuerza, visión… y lealtad.Una tensión sutil recorrió la sala.Algunos intercambiaron miradas. Otros simplemente alzaron sus copas.Augusto permaneció impasible, aunque por dentro lo supo al instante:Eso era una advertencia.Su padre podía estar poniéndolo a prueba… o preparando una sorpresa.Más al fondo, los ojos atentos de José se detuvieron en un rostro.Un hombre de sonrisa forzada y traje impecable, sentado junto a una mujer excesivamente maquillada
Augusto mantuvo el mentón en alto, pero sus ojos ahora eran más suaves. Distintos de la frialdad habitual. Eloise desvió la mirada, soltando un resoplido. —Olvídalo. No entiendes. Se giró para marcharse, pero él sujetó suavemente su brazo. Sin fuerza, sin presión… solo presencia. —¿Ya terminaste? —preguntó con tono sereno, aunque firme. Como si ahora fuera él quien intentaba sostener el equilibrio. Ella vaciló. —Porque el espectáculo todavía no ha terminado, Eloise —añadió, soltándola despacio—. Y aún tenemos a toda una audiencia esperando ver si mi “novia” aguanta la noche hasta el final. Ella lo miró durante un largo segundo. Sus ojos verdes seguían allí, imperturbables… pero había algo más. ¿Un rastro de culpa? ¿Una disculpa silenciosa? Tal vez. Pero en ese momento, lo único que sabía era que necesitaba respirar… y seguir adelante. —Entonces vamos —dijo, levantando el mentón, recomponiéndose con la misma fuerza que siempre usaba cuando el mundo intentaba quebrarla. A
La fiesta continuaba envuelta en lujo y risas contenidas. Personas elegantes circulaban con copas de champán en la mano; unos discutían negocios con seriedad, otros contaban anécdotas y reían alto para llamar la atención. Pero en un rincón más discreto del salón, entre empresarios ambiciosos y aduladores de sonrisa fácil, Lorenzo Mello destacaba en silencio. Sostenía su copa como quien ya creía haber conquistado la mitad de lo que deseaba. Su mirada recorría el lugar con cálculo: rostros influyentes, nombres importantes… contratos. Esa noche era su oportunidad. Entre trajes a medida y joyas brillantes, estaba convencido de que podía abrirse paso en ese mundo. Lo que quería era simple: Poder. A su lado, Nicole giraba la copa sin elegancia, vestida de forma demasiado llamativa para la ocasión. Confundía exceso con sofisticación, brillo con clase. —Hoy es el día, Nicole —murmuró Lorenzo, ajustando su postura—. Si cierro con uno de los patrocinadores de Monteiro o con cualquiera
Los flashes comenzaron incluso antes de que el coche se detuviera por completo frente a la alfombra roja. Fotógrafos esperaban ansiosos en la entrada principal del lujoso Hotel Monteiro, iluminado por focos y rodeado por invitados de la élite. La cena benéfica del patriarca José Monteiro no era solo un evento social… era un tablero político disfrazado de gala. La puerta del coche se abrió lentamente. Primero bajó Augusto Monteiro, impecable en su traje oscuro a medida, mirada fría y expresión cuidadosamente indiferente. En cuanto puso un pie fuera, los flashes se intensificaron. Eloise apareció enseguida. Y por un segundo… todo pareció detenerse. El vestido negro, elegante y audaz, con un hombro descubierto y la abertura precisa, se ajustaba a su cuerpo como si hubiera sido creado exclusivamente para ella. El collar de rubíes brillaba bajo las luces, resaltando su presencia, su fuerza… su poder silencioso. Bajó con seguridad, aunque su corazón latía con fuerza bajo los susurr





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