156. El latido que esperaban
La clínica obstétrica no estaba lejos de su casa, y aun así los quince minutos de trayecto parecieron una hora.
Emma iba sentada en el asiento del copiloto, con las manos entrelazadas sobre el abdomen. James conducía más despacio de lo habitual. No había música. No había conversación ligera.
Solo respiraciones medidas con cuidado.
—¿Estás mareada? —preguntó James, sin apartar la vista de la carretera.
—No.
—¿Náuseas?
—Un poco. Pero es normal.
James asintió. Quería decir tantas cosas—palabras de