52. Ojos tras la cortina
Las farolas se reflejaban en los charcos frente al hospital, creando un brillo plateado y frío. Eran casi las doce de la noche, pero Harry aún no se movía de su coche.
El tercer cigarrillo estaba a punto de consumirse, y aun así sus pensamientos seguían girando, negándose a encontrar calma.
Había llamado a varias personas para pedir informes, pero todos coincidían: no había ningún nombre de Emma Taylor en el sistema del hospital. Sin embargo, su instinto no se equivocaba: ella estaba allí. Podí