Sawyer la mira directamente a los ojos, como si buscara en lo más profundo de ellos la respuesta que todavía le falta.
Lucy no desvía la mirada; al contrario, sostiene la suya con firmeza, sin titubear.
Están tan compenetrados que no necesitan palabras: su mirada es suficiente. Un diálogo silencioso cargado de decisión, miedo, y sobre todo, esperanza.
Sawyer siente que ese brillo férreo en los ojos de Lucy es todo lo que necesita para convencerse.
Ella tiene razón. No puede rendirse, no puede abandonar la lucha, no cuando aún hay personas allá afuera, como su hermana, que jamás tuvieron la oportunidad de una esperanza.
Esa batalla no es solo por él, es por ellas. Y no va a permitir que el imbécil de Jenkins se interponga en su camino.
—No tienes que planear ninguna reacción con nadie —dice Sawyer con una firmeza que estremece el aire.
Kenneth arquea una ceja, y sus ojos oscuros se iluminan con un destello de malicia. La sonrisa diabólica se ensancha, marcando pliegues de crueldad