El silencio se rompe de golpe. Sawyer abre la boca para responder, pero antes de que pueda hacerlo, Lucy da un paso al frente.
Con una fuerza que ni ella sabía que tenía, lo empuja hacia un lado, apartándolo de su camino.
Está temblando, sí, pero no retrocede. Aunque solo lleva puesta la camisa de Sawyer, se yergue con una firmeza que desarma incluso a Kenneth.
La situación está a punto de descontrolarse. Y Lucy no va a permitir que Sawyer abandone todo lo que ha construido, todo lo que sueña, solo por protegerla.
Porque si él es capaz de sacrificarlo todo por ella, ella también es capaz de pelear hasta el final por él.
Sawyer significa mucho más de lo que nunca se atrevió a decir en voz alta.
Es la razón por la que sus días de agotamiento valen la pena, la fuerza que la impulsa cuando siente que no puede más.
Lo ha visto en su versión más dura, más exigente, más insoportable… y, aun así, lo ama con una intensidad que le asusta.
Él es su refugio y su tormenta, la contradicción pe