Cuando Kenneth sale por la puerta, el silencio queda suspendido como una nube espesa en la habitación.
Es un silencio denso, pesado, tan brutal que los obliga a tomar aire con dificultad, como si la atmósfera misma estuviera contaminada por la amenaza que había dejado atrás.
Tanto Lucy como Sawyer se permiten, apenas por un instante, soltar el aire que llevaban reteniendo desde el momento en que Jenkins los había descubierto.
El vacío en sus pulmones es reemplazado por un oxígeno amargo, carg