Cuando Lucy y Sawyer salen de la oficina, aún con el peso de la conversación anterior sobre sus hombros, el aire del pasillo se siente más denso, casi imposible de respirar.
No han doblado la esquina cuando, de repente, se detienen en seco: frente a ellos, imponente y con el ceño fruncido, los espera la jefa Ripley.
El corazón de Lucy se le cae al estómago. Sawyer, en cambio, intenta mantener la compostura, aunque sus ojos se entrecierran con un destello de fastidio contenido.
—Sawyer, bien, j