Las palabras de Lucy todavía flotan en el aire como un eco que ninguno de los dos puede esquivar.
Sawyer permanece inmóvil, con la espalda recta y el pecho atravesado por una punzada de dolor que le corta la respiración.
El golpe de sus confesiones lo ha dejado sin fuerzas, como si ella hubiera clavado un bisturí directo en lo más vulnerable de él.
El silencio que se instala es tan denso que ambos sienten que podría asfixiarlos.
Lucy, en cambio, no puede dejar de temblar. El aire le falta, la