El silencio tras la salida de Ripley parecía más pesado que cualquier conversación que Lucy y Sawyer hubieran tenido.
Caminaban por los pasillos del hospital sin decir una sola palabra, cada paso resonando como un eco de la tensión que todavía los rodeaba.
Lucy se aferraba a la cartera con fuerza, los nudillos blancos de apretar el cuero, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas que no quería dejar escapar.
Sentía como si el suelo desapareciera bajo sus pies, y la presión de las palabras de