La habitación está en silencio, apenas roto por el sonido acompasado de sus respiraciones.
La luz tenue ilumina sus pieles, pegajosas de sudor y deseo.
Lucy todavía tiene el pulso acelerado, el cuerpo vibrando como si el encuentro anterior solo hubiese encendido más la llama en lugar de apagarla.
Ella se queda quieta por unos segundos, sintiendo el calor de Sawyer a su lado, el peso de su brazo sobre su vientre y la respiración lenta que acompasa la suya.
No quiere moverse. No quiere romper