El aire en la sala se vuelve espeso, casi irrespirable.
No es solo la falta de ropa ni la vulnerabilidad de sentirse sorprendidos en el momento más íntimo, es la presencia imponente de Kenneth, erguido en la puerta con esa sonrisa torcida que parece disfrutar del espectáculo.
Hay algo en su mirada que no solo incomoda, sino que hiere.
Es como si se alimentara de la vergüenza ajena, como si la tensión entre Sawyer y Lucy fuera un banquete servido especialmente para él.
Lucy siente que la sang