Lucy permanecía sentada junto a la cama de su madre, Elle Monroe, con los brazos cruzados sobre su regazo y los ojos rojos por las lágrimas que había contenido durante horas.
El zumbido constante de los monitores se mezclaba con el sonido de su respiración, creando una extraña sinfonía de tensión y alivio.
Elle la miraba con lentitud, sus párpados pesados aún marcando el cansancio de la operación.
—Lucy… —la voz de su madre sonaba débil, pero llena de calidez—. He estado demasiado tiempo pendiente de tu padre. Olvidé cuidar de mí misma. Me olvidé de estar aquí para ti… y eso no está bien.
Lucy tomó la mano de su madre con firmeza, sintiendo cómo la vida que corría por sus dedos parecía traspasarla con cada latido.
—Mamá… también necesitas sacar tiempo para ti misma. No podemos permitir que algo peor te suceda. No puedo… no podría vivir sin ti. —Su voz temblaba ligeramente, pero contenía un hilo de determinación—. Eres lo más importante que tengo.
Elle la miró fijamente, y por un ins