La habitación estaba silenciosa, salvo por el suave pitido de las máquinas que monitoreaban a Elle.
Lucy permanecía sentada al borde de la cama, todavía con las manos entrelazadas sobre sus piernas, tratando de controlar la mezcla de ansiedad, cansancio y emoción que la atravesaba.
Un par de horas atrás, habían logrado estabilizar a su madre tras la operación, y ahora Elle parecía más despierta, más consciente, pero todavía débil.
El ambiente estaba cargado de tensión, de palabras no dichas y de emociones contenidas.
Elle abrió los ojos lentamente, y su mirada se posó en Lucy con una intensidad que hizo que la joven se pusiera rígida.
—Lucy… —dijo Elle con voz firme, pero cargada de preocupación—. Tengo que regresar pronto a casa. Tu padre… debe estar loco esperando que llegue. No sabemos si tendrá algún episodio mientras yo esté aquí.
Lucy bajó la mirada, un rubor le subió hasta las orejas.
—Mamá… no puedes —susurró—. Tienes que descansar, sí, tienes que quedarte en el hospital ha