Unos días después, Henry se pasea frente al ventanal del restaurante, su reflejo recortado contra la ciudad que comienza a encenderse con los tonos del atardecer.
Mira su reloj: todavía quedan unos minutos para la cita.
No puede evitar sonreír mientras repasa mentalmente el guion que ha preparado.
Valentina es lista, pero también confiada.
Todo lo que necesita es un pequeño empujón en la dirección correcta.
Cuando ella aparece, puntual como siempre, su corazón da un pequeño salto fingido.
Se le