La mañana apenas comienza cuando Henry se despide de Valentina con una sonrisa satisfecha en el rostro.
La ve salir del hotel envuelta en un abrigo ligero, el cabello recogido en un moño descuidado, sus pasos ligeros, despreocupados.
Ella no sospecha nada.
No ve la trampa tendida bajo sus pies.
Henry cierra la puerta con calma, recostándose contra ella unos segundos.
El sabor del triunfo es dulce, embriagador.
Todo ha salido exactamente como planeó.
Con un movimiento ágil, saca su móvil del bol