La mañana amanece tibia y luminosa en la playa, y el sonido rítmico de las olas acariciando la orilla sirve como fondo perfecto para un nuevo día de promesas.
Isabella se despierta con los brazos de Alexander rodeándola, su cuerpo cálido y sereno pegado al suyo.
Por un momento, se permite solo observarlo dormir. Hay paz en su rostro, una calma que solo ha visto reflejada en los momentos más íntimos, cuando no hay máscaras ni obligaciones.
Con suavidad, se desliza fuera de la cama, dejando un