Emily
El reloj descansaba sobre la mesa como un testigo silencioso de todo lo que había permanecido oculto. Sus manecillas seguían marcando el tiempo, ajenas al torbellino que se desataba en mi interior. Mis dedos temblaban mientras sostenía la carta que la madre de Christopher y Daniel me había entregado esa mañana, cuando la visité sin avisarle a Christopher.
"Hay cosas que debes saber, Emily", me había dicho Margaret con una mirada cargada de culpa. "Cosas que he callado demasiado tiempo."
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