Emily
El sol entraba por la ventana de nuestra habitación, dibujando patrones dorados sobre las sábanas. Me quedé observando cómo la luz se movía lentamente, marcando el paso del tiempo de una manera que ya no me resultaba dolorosa. Habían pasado tres semanas desde mi colapso, desde que mi cuerpo y mi mente habían dicho basta.
Respiré profundamente, sintiendo cómo el aire llenaba mis pulmones. Era una sensación simple, pero reconfortante. Cada día que pasaba me sentía un poco más fuerte, un poc