Emily
El cielo amaneció gris aquella mañana, como si el universo hubiera decidido vestirse de acuerdo a mi estado de ánimo. Desde la ventana de nuestra habitación, observé las nubes pesadas que se arremolinaban sobre los árboles del jardín, prometiendo una tormenta que aún no se decidía a desatarse. Sentí una extraña conexión con ese cielo indeciso: ambos conteníamos algo poderoso que eventualmente tendría que liberarse.
Me llevé las manos al vientre, ahora prominente y tenso. Treinta y dos sem