Christopher
La lluvia golpeaba contra los cristales de mi despacho mientras revisaba por enésima vez los documentos que había conseguido reunir. El reloj marcaba las tres de la madrugada, pero el sueño era lo último que me preocupaba. Frente a mí, esparcidas sobre el escritorio de caoba, las piezas de un rompecabezas que llevaba años intentando resolver comenzaban a encajar.
Victor Harrington. El nombre resonaba en mi cabeza como un eco interminable.
Apreté los puños hasta que los nudillos se m