Christopher
La lluvia golpeaba con furia contra los cristales de mi despacho mientras revisaba los últimos informes financieros. El reloj marcaba las once de la noche y la casa permanecía en silencio, excepto por el ocasional crujido de la madera antigua. Emily dormía desde hacía horas; el embarazo de los trillizos la agotaba cada día más.
Froté mis ojos cansados y me serví otro whisky. Las cifras comenzaban a bailar frente a mí, pero no podía dejar de pensar en la amenaza que había recibido es