Después de despedirse de sus hijos, la mente de Javier era una auténtica maraña de pensamientos. Las emociones estaban a flor de piel, mezclándose con la confusión y la angustia. El aluvión de preguntas que le asaltaban era tan intenso que se volvía imposible encontrar respuestas claras.
¿Cómo habría sido la infancia de sus hijos? ¿Cuándo habrían dado sus primeros pasos? Y ¿Sus primeras palabras? ¿Desde cuando lo estaban buscando? ¿Cómo habían llegado a la conclusión de que él era su padre?
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