Después de despedirse de sus hijos, la mente de Javier era una auténtica maraña de pensamientos. Las emociones estaban a flor de piel, mezclándose con la confusión y la angustia. El aluvión de preguntas que le asaltaban era tan intenso que se volvía imposible encontrar respuestas claras.
¿Cómo habría sido la infancia de sus hijos? ¿Cuándo habrían dado sus primeros pasos? Y ¿Sus primeras palabras? ¿Desde cuando lo estaban buscando? ¿Cómo habían llegado a la conclusión de que él era su padre?
Se angustió de solo pensar en todo lo que sus hijos tendrían que haber atravesado para llegar a la verdad.
¿Los habrían molestado en el colegio por no tener papá? ¿Samantha habría estado con otro hombre que suplantara su lugar?
Desesperado y angustiado, Javier se pasó la mano por el pelo mientras la imagen de Martín junto a los gemelos lo perturbaba aún más, intensificando la confusión y el dolor que sentía en ese momento.
Ese detalle, ese maldito detalle, le apretó el pecho como si algo interno se