El camino de regreso fue casi en completo silencio. Samantha estaba tratando de procesar todo lo que su tía le había dicho.
Martín la miró un instante y continuó conduciendo.
—¿Qué te pasa que estás tan callada? —le dijo, con seriedad—. Cambiaste de humor desde que hablaste con tu tía.
Ella lo miró y sonrió levemente.
Por alguna razón no quería trasmitirle todo lo que Elena le había contado. Tenía la imperiosa necesidad de llegar y estar con sus hijos, era lo único que quería.
—No me pasa nada —se excusó—. Ha sido un día muy largo y como me pasa últimamente desde que llegué acá, tengo emociones encontradas.
El abogado sabía que había algo más, pero no podía presionarla.
—Entiendo... —se limitó a decir.
La joven se dio cuenta que la sombría expresión de Martín no acompañaba su respuesta.
—Además..., no estoy convencida de la fiesta que la tía Elena quiere hacer en mi honor —dijo, con cierta molestia—. No me parece que sea conveniente.
—Bueno, negate entonces. Dale una excusa decile qu