A pesar de su debilidad, Elena hizo un esfuerzo por levantarse y disfrutar lo que quedaba de la tarde compartiendo con su sobrina una merienda en el jardín.
Fue grande su sorpresa cuando lo vio a Martín allí. Ella enseguida se dio cuenta que, aunque los jóvenes intentaban disimular, tenían una relación.
Pero no dijo nada, solo atinó a conversar con ellos y con su marido.
—Mientras ustedes conversan, quisiera caminar un rato por el jardín con Samy. Quiero que vea las rosas que vea los rosales que tanto amaba Sebastián —se excusó la mujer, levantándose de su asiento con dificultad.
Gustavo de inmediato se levantó para ayudarla.
—Mi amor, ¿te parece? No debería hacer esfuerzo, lo sabés muy bien.
Ella miró por un segundo a su esposo y luego a la joven, quien se incorporó de inmediato. Algo en la mirada de su tía le expresaba que tenía que hablar con ella.
—Yo la puedo ayudar, tío. Además, no es tan lejos —dijo, tomando a la mujer del brazo con suavidad.
Las dos caminaron despacio hacia e