Luciana Guerrero se pasó los dedos por su cabello rubio mientras se miraba al espejo. Su rostro mostraba una gran furia.
—¡Cuando te vea Javier, me vas a escuchar! —gritó enojada, tirando el labial contra el espejo—. Espero que tengas una buena excusa para no haber venido anoche ¡Nadie me deja plantada!
Apoyó sus manos sobre el lavamanos, respirando profundamente, tratando de calmarse. Pero eso en ese momento, parecía una tarea imposible.
Por años había sido ella quien controlaba su relación co