Salí corriendo.
No me importó que todos me miraran. No me importó el ruido, las voces, ni siquiera que Credence estuviera allí. Solo quería huir. Sentía que el mundo se derrumbaba bajo mis pies y que algo dentro de mí se rompía otra vez.
Lo escuché.
Su voz.
—¡Danika!
Era él. Lincoln.
Me estaba llamando.
Pero no me detuve.
Corrí por los pasillos interminables de ese lugar maldito, con el corazón latiendo tan fuerte que me dolía respirar. Las lágrimas nublaban mi vista, pero aun así seguí, tropez