Desperté con una sensación extraña en el pecho. Como si algo invisible me apretara por dentro. Mis párpados pesaban, y me costó abrir los ojos. Todo era blanco… frío… silencioso. El pitido constante de una máquina fue lo primero que escuché.
Cuando por fin pude enfocar la vista, me di cuenta de que estaba conectada a varios aparatos. Sentía agujas en mis brazos, cables pegados a mi piel, una bata de hospital reemplazando mi ropa, y una soledad tan enorme que me calaba hasta los huesos.
Estaba s