Elena Miller no pudo contenerse más. Se acercó a Isabella y, para sorpresa de todos, la estrechó en un abrazo genuino.
—Isabella, querida... no puedo decir que no estoy en shock, pero me alegra tanto que seas tú —susurró Elena, ignorando la mirada de odio que Briana le lanzaba desde la mesa principal—. Siempre supe que tenías un fuego que Max nunca entendió. Gabriel, hijo... finalmente has hecho algo con sentido.
Arthur Miller asintió solemnemente, estrechando la mano de su hijo menor.
—Has cau