El almuerzo transcurría en un silencio sepulcral, solo roto por el sonido metálico de los cubiertos contra la porcelana. Isabella, haciendo caso omiso al consejo de Lucas, no había usado un cuello alto; llevaba un vestido de seda color perla con un escote en "V" que, aunque elegante, dejaba al descubierto los rastros de la intensidad de Gabriel. Dos marcas violáceas, claras y posesivas, adornaban la base de su cuello como una joya prohibida.
Gabriel estaba sentado a su lado, con una mano descan