La primera luz de la mañana se filtró a través de los enormes ventanales de la mansión Bellamonte, bañando con tonos dorados los jardines que rodeaban la propiedad. Lia abrió lentamente los ojos. Durante unos segundos permaneció inmóvil, intentando recordar dónde estaba. Entonces el anillo que descansaba sobre su dedo anular captó un destello del sol.
Giorgio
La realidad volvió a golpearla con toda su fuerza.
Se incorporó despacio. Había dormido apenas unas horas y, aun así, la pesada sensación