La recepción se celebró en la antigua mansión Bellamonte, una residencia que durante generaciones había pertenecido a la familia y que aquella tarde se encontraba completamente iluminada.
Los jardines estaban decorados con miles de flores blancas, las fuentes de mármol reflejaban la luz de enormes candelabros y una orquesta interpretaba piezas clásicas mientras los invitados recorrían el lugar con copas de cristal en las manos.
Apenas Lia cruzó el gran salón tomada del brazo de Giorgio, todas l