Tierra de dolor.
Isabella se encontraba de rodillas, sus dedos aferrados a la tierra húmeda, como si eso pudiera evitar que su alma se deslizara aún más hacia el vacío.
—Estoy cayendo tan bajo que ya no sé dónde termina el suelo y dónde empiezo yo, papá —susurró, su voz temblando mientras sus ojos permanecían clavados en la lápida que conocía mejor que a sí misma.
Visitaba esa tumba todos los días, como si algún día él fuera a responderle. Como si algún día, ese silencio frío fuera a darle paz.
El sol ya no est