Acre.
Lorenzo se desabrochaba los últimos botones de su camisa mientras hablaba, su voz apenas un murmullo entre el roce de la tela y el silencio cálido de la habitación.
—El hombre que cuidó a Dante me dijo que él… que estaba muy enamorado —comentó, con una expresión de leve incredulidad, mientras se ponía el pantalón de la pijama—. Pero también me dijo que sufría. Que le dolía… como si llevara el corazón hecho pedazos por no poder estar con la mujer que ama.
Isabella alzó la vista desde el sofá don