Pronto.
Dante yacía en su cama, con la mirada fija en el techo, como si este guardara las respuestas que su corazón roto no lograba comprender. Pero no había respuestas, solo repeticiones. En su mente, el beso con Isabella en el muelle giraba como un disco rayado, una grabación maldita que volvía una y otra vez, clavándose en su pecho con la intensidad de una llama que devora sin compasión.
El recuerdo era cruel. Suaves labios que ahora se sentían lejanos, miradas que antes lo desarmaban y ahora lo hun