A la mañana siguiente a medio día, Emma salió al jardín en busca de algún miembro de la familia, más no parecía haber nadie en la casa; nadie a excepción de Sandra. Esta se encontraba sentada a la sombra leyendo un poco, pero al verla dejo a un lado su libro.
—Emma, anda acompáñame un momento —le pidió un tanto aburrida.
—Me encantaría, pero tengo algunas cosas que hacer. Pensaba salir al centro, ¿sabes si Oliver está en la casa? —le preguntó pues de por si le era difícil salir por si sola y lo