Oliver sabía que no podía permitirlo, no podría vivir sin él y para evitarlo estaba dispuesto incluso a sacrificar su propia vida.
—Te mentí —dijo de pronto.
—¿En qué? —intento entender Barbara, desviando su atención de Paul hacia él.
—Emma está muerta —mintió abiertamente y sin ningún reparo al hacerlo.
—No te creo —aseguro esta para su desgracia, más Oliver no estaba dispuesto a rendirse tan fácilmente.
—Es verdad, solo que creí que si lo sabías podrías estar asustada y no querrías hablar con